Archivos mensuales: diciembre 2025

Una visión «sistémica» de la vida.

En esta última entrada del año, nos vamos hacer eco de las ideas generales del siguiente libro de Capra, F. y Luisi, P. L. (2014) The systems view of life. A unifying vision. CUP (se puede obtener una copia de acceso libre en Internet).

Leyendo ya el prólogo, es posible hacerse una idea general del objetivo que los autores plantean. Así, en lugar de un resumen, traducimos sus fragmentos más destacados porque nos parecen enormemente relevantes:

“A medida que avanza el siglo XXI, cada vez es más evidente que los principales problemas de nuestro tiempo —la energía, el medio ambiente, el cambio climático, la seguridad alimentaria, la seguridad financiera— no pueden entenderse de forma aislada. Se trata de problemas sistémicos, lo que significa que todos ellos están interconectados y son interdependientes. En última instancia, estos problemas deben considerarse como diferentes facetas de una única crisis, que es en gran medida una crisis de percepción. [Esta] se deriva del hecho de que la mayoría de las personas de nuestra sociedad moderna, y especialmente de nuestras grandes instituciones sociales, defienden conceptos desde una visión del mundo obsoleta, una percepción de la realidad inadecuada para hacer frente a nuestro mundo superpoblado y globalmente interconectado.

Hay soluciones para los principales problemas de nuestro tiempo; algunas de ellas son incluso sencillas. Pero requieren un cambio radical en nuestras percepciones, nuestra forma de pensar, nuestros valores. Y, de hecho, nos encontramos ahora en el comienzo de un cambio tan fundamental de la visión del mundo en la ciencia y la sociedad, un cambio de paradigmas tan radical como la revolución copernicana. Desgraciadamente, esta concienciación aún no ha calado en la mayoría de nuestros líderes políticos, que son incapaces de «atar cabos», por usar una expresión popular. No ven cómo los principales problemas de nuestro tiempo están interrelacionados. Es más, se niegan a reconocer cómo sus supuestas soluciones afectarán a las generaciones futuras.

Desde un punto de vista sistémico, las únicas soluciones viables son aquellas que son sostenibles. Como discutimos en este libro, una sociedad sostenible debe diseñarse de tal manera que sus formas de vida, negocios, economía, estructuras físicas y tecnologías no interfieran con la capacidad inherente de la naturaleza para sustentar la vida.

En los últimos treinta años ha quedado claro que para comprender plenamente estas cuestiones se requiere nada menos que una concepción radicalmente nueva de la vida… En la vanguardia de la ciencia contemporánea, ya no vemos el universo como una máquina compuesta por bloques de construcción elementales. Hemos descubierto que el mundo material, en última instancia, es una red de patrones de relaciones inseparables; que el planeta en su conjunto es un sistema vivo y autorregulado. La visión del cuerpo humano como una máquina y de la mente como una entidad separada está siendo sustituida por otra que considera no solo el cerebro, sino también el sistema inmunológico, los tejidos corporales e incluso cada célula como un sistema vivo y cognitivo. La evolución ya no se considera una lucha competitiva por la existencia, sino más bien una danza cooperativa en la que la creatividad y la constante aparición de novedades son las fuerzas motrices. Y con el nuevo énfasis en la complejidad, las redes y los patrones de organización, está surgiendo lentamente una nueva ciencia de las cualidades.

Esta nueva concepción de la vida implica un nuevo tipo de pensamiento: pensar en términos de relaciones, patrones y contexto. En ciencia, esta forma de pensar se conoce como «pensamiento sistémico» o «pensamiento de sistemas»; por lo tanto, la comprensión de la vida que se basa en él se identifica a menudo con la frase que hemos elegido como título de este libro: la visión sistémica de la vida.

[Esta] visión sistémica unificada incluye e integra las dimensiones biológicas, cognitivas, sociales y ecológicas de la vida; y también… las implicaciones filosóficas, espirituales y políticas… de la vida. Creemos que hoy en día se necesita urgentemente una visión tan integrada para hacer frente a nuestra crisis ecológica global y proteger la continuidad y el florecimiento de la vida en la Tierra. Por lo tanto, será fundamental que las generaciones actuales y futuras de jóvenes investigadores y estudiantes de posgrado comprendan la nueva concepción sistémica de la vida y sus implicaciones para una amplia gama de profesiones, desde la economía, la gestión y la política hasta la medicina, la psicología y el derecho. Además, nuestro libro será útil para los estudiantes universitarios de ciencias de la vida y humanidades.

Por lo tanto, un marco conceptual que integre estas múltiples dimensiones está destinado a reflejar la no linealidad inherente a la vida. En nuestro esfuerzo por comunicar una red tan compleja de conceptos e ideas dentro de las limitaciones lineales del lenguaje escrito, consideramos que sería útil interconectar el texto mediante una red de referencias cruzadas. Esperamos que el lector descubra que, al igual que la red de la vida, este libro es también un todo que es más que la suma de sus partes”.

Vemos, pues, cómo estos dos autores, reconocidos científicos de los estudios de la complejidad, nos plantean una visión unificada de las disciplinas científicas y las humanísticas, con el fin de abordar el principal problema al que se enfrenta la humanidad en el presente: la crisis climática. Además, el libro está escrito en un estilo muy didáctico, por lo que es posible entender de forma general las nociones e ideas de las disciplinas que no son las nuestras ni las más cercanas. Incluso el inglés ya no es tampoco un obstáculo porque podemos acudir a un traductor automático para entender las partes que nos parezcan más atractivas.

¿De qué clase social somos los trabajadores?

En los estudios lingüísticos sobre los dialectos, siempre se ha distinguido la forma de hablar de la clase trabajadora de las clase media y media-alta. En otras disciplinas sociales se hace también esta distinción tanto en relación con los ingresos económicos como con el grado de estudios alcanzados. Mientras que la ciudadanía de la clase trabajadora suele ocupar trabajos manuales, la de la clase media incluiría aquellos que tienen trabajos mejor remunerados y/o que requieren mayor grado de titulación educativa. En el nivel superior, se sitúa la clase media-alta, aquellos que provienen de familias adineradas o con salarios claramente diferenciados de la media porque son altos funcionarios, directivos de empresas, etc. Aparte, podríamos situar a los “nuevos ricos”, los que de pronto pasan de la clase trabajadora o media a posiciones más altas por una coyuntura determinada: lotería, trabajos especulativos como los que se vieron durante la época del “boom inmobiliario”. Recientemente, hemos conocido que entre estas nuevas coyunturas están ahora los “brokers”, los “inversores de criptomonedas”, los trabajadores en la inteligencia artificial (IA) y similares. En otro estadio, se encuentran los “milmillonarios”: los dueños de Amazon, Tesla, empresarios chinos que están detrás de tantos de los bazares en las ciudades, etc.; y, entre los nuestros, Inditex, Mercadona, etc.

Estos últimos ricos han tenido tanto éxito en sus empresas que hay quien piensa que, si asumen ahora el “negocio” del estado, nos irá mejor a todos. Es el fenómeno que algunos expertos han denominado “tecnofeudalismo”, al que nos hemos referido en una entrada anterior: El tecnofeudalismo, otra metáfora del “nuevo capitalismo”.

Sin embargo, la consecuencia de estas riquezas inmensas es la desigualdad creciente. El siguiente dato así lo confirma: en los años sesenta, la brecha salarial entre los directivos de una empresa y sus empleados medios era de 20 a 30 veces más; ahora puede ser de 60 a 100 veces y, en los altos directivos, de hasta 1200 veces (según los datos de Oxfam). Y, como segundo dato en nuestro país, Amancio Ortega recibe cada día 8,5 millones de beneficios de Inditex, 3.104 millones al año. ¿Cuántos años van a necesitar él y su familia para gastarlos?

Ante esta desigualdad tan enorme, ¿tendríamos que tener los trabajadores más conciencia de nuestra clase, la «clase trabajadora»? No solo los que continúan siéndolo porque desempeñan trabajos manuales; también los que fueron y luego consiguieron un trabajo mejor remunerado, pero que si lo perdieran no podrían sobrevivir.

El poder de estos nuevos empresarios y sus directivos o accionistas no solo está sostenido por la ciudadanía de las clases medias y altas, también por la gran cantidad de personas de las clases trabajadoras que compran sus productos. Las furgonetas de Amazon están por todos los barrios, también las de otras empresas grandes de reparto… Incluso cada vez con más presencia en los pueblos a través del comercio digital. Ello indica que tienen productos dispuestos y preparados para llegar a todas las clases sociales. Por ello se están haciendo tan ricos: «milmillonarios».

¿Aumentaría tanto la desigualdad entre las clases trabajadoras y los de clases altas si los trabajadores en general tuviéramos más conciencia de que no podemos ser tan individualistas? Es decir, si pensáramos, primero, a quién o a quiénes pagamos lo que necesitamos: la luz, los seguros, la comida, la ropa, los regalos que hacemos para los cumpleaños o Navidad, etc. Y, segundo, si empezáramos a elegir en las búsquedas por Internet a empresas más pequeñas, cooperativas, grupos de consumo, tiendas de barrios, puestos de los mercados municipales, etc. ¿Pagaríamos mucho más haciendo estas opciones? Quizás algo más, sí. Pero se puede hacer la prueba en algunas cosas y ver la diferencia.

El paso supondría un gran cambio: desde la actitud individualista que nos ha impuesto el capitalismo, pasaríamos a una actitud más “comunitaria”: la de quien defiende a los trabajadores que, como nosotros, no podrán subsistir con sus negocios si no les ayudamos a mantener su medio de vida.

Esta actitud comunitaria hay quien la llama como la propia de un “consumidor o consumidora responsable”; cada vez más relacionado con el “consumidor ecológico” (con sello certificado) o con el “consumidor de productos locales”; este segundo con precios más asequibles que los de sello ecológico.

¿Cuánto de productos locales y de servicios con empresas pequeñas o cooperativas hay en nuestro día a día? ¿Cuántos productos de segunda mano? Aumentar esta proporción podría ser el reto para el nuevo año 2026. Aquí van algunas sugerencias:

– Compras en los mercados municipales o mercadillos (si es posible, seleccionando lo más local).

– Cooperativas y empresas de luz ecológicas: Som energia, Contigo energía, etc.

– Seguros éticos: Arç cooperativa.

– Compra de libros a librerías locales o a libreros pequeños en Internet (primera o segunda mano).

– Tiendas locales de barrio; plataformas de segunda mano. Etc.