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¿Qué es el “nacionalpopulismo”?

En esta entrada, hacemos una síntesis de las principales ideas que defienden Roger Eatwell y Matthew Goodwin (2018) en su libro titulado Nacionalpopulismo. Por qué está triunfando y de qué forma es un reto para la democracia. Edit. Península.

Según los autores, las ideas nacionalpopulistas no son tan recientes como se cree; surgieron antes de la crisis financiera de 2008 y los partidarios de estas ideas sociopolíticas son más diversos que el estereotipo de que se trata de “hombres mayores, blancos y enfadados” con la democracia. En su opinión, tampoco constituye un movimiento antidemocrático y fascista que quiere derribar las instituciones políticas de la democracia liberal occidental. Es verdad que sí lo es una minoría de los nacionalpopulistas, quienes también son racistas y xenófobos, principalmente contra la población musulmana. Pero la mayoría evidencia que sus preocupaciones son lógicas porque considera que las instituciones democráticas actuales no representan a la sociedad en general. Es un movimiento internacional, con líderes como Le Pen, Farage, Trump, etc. En el primer mandato de Trump, su candidatura logró el apoyo tanto de los republicanos acomodados como de una de cada tres latinos, además de los de origen cubano.

Los ciudadanos que votan estas opciones quieren, en primer lugar, una democracia que otorgue más poder político a los ciudadanos y menos a las élites políticas y económicas actuales. Tienen una gran desconfianza hacia los políticos de los partidos mayoritarios y de las instituciones que se han creado en las últimas décadas en las democracias neoliberales.

En segundo lugar, cuestionan la capacidad de las sociedades actuales para absorber rápidamente las tasas de inmigración tan elevadas. La identidad es cada vez más importante para ellos; no solo para los hombres blancos, sino incluso para las mujeres en algunos países. Una característica que los define es que la mayoría no ha ido a la universidad, de ahí se explica su mayor tendencia hacia posiciones más conservadoras y nacionalistas. Son posiciones que valoran conservar las jerarquías sociales, la estabilidad, el orden y la tradición; y manifiestan su miedo a perder lo que les define como grupo. No todos ellas están abiertamente en contra de la llegada de emigrantes, pero piden ralentizar el cambio que se avecina.

Por el contrario, las posiciones liberales son defendidas más por los ciudadanos que han estudiado en la universidad, y han aprendido a debatir y compartir experiencias con compañeros y profesores de orígenes diversos. Son estos ciudadanos los que ocupan los puestos más destacados en las instituciones democráticas de los partidos mayoritarios, por su gran nivel educativo. Quienes votan a los partidos nacionalpopulistas ven cómo estos ciudadanos tan preparados no se parecen a ellos; tampoco “hablan” ya como ellos, porque han asumido la estrategia de la “corrección política” que les es extraña. El rechazo hacia estos partidos mayoritarios no ha hecho más que acrecentarse en las últimas décadas.

Incluso los partidos nacionalpopulistas de izquierdas tampoco les representan a los nacionalpopulistas más conservadores. Los autores mencionan aquí un ejemplo español: el caso de Podemos. Este partido no entiende la preocupación por uno de sus temas principales: el temor por la inmigración. De ahí su apoyo a Vox, el partido en el lado opuesto, a pesar de que parecía que en España la ultraderecha no llegaría a tener apoyo por el recuerdo tan negativo de la dictadura franquista.

En tercer lugar, sufren lo que los autores del libro denominan “privación relativa”, el aumento de las desigualdades económicas neoliberales por la automatización de la industria y la globalización. No hay que olvidar la brecha educativa de estos ciudadanos. Están convencidos de que la vida de sus hijos será más dura de lo que lo fue para ellos. Por ejemplo, en EEUU el 90% de los niños nacidos en 1940 llegaron a ganar más que sus padre; en los ochenta, solo lo consiguió el 40%. La idea de esta pérdida se ha generalizado. Por ello, las políticas de los partidos de izquierdas a favor de la reducción de las desigualdades y mejorar sus salarios son bien acogidas por esta ciudadanía nacionalpopulista.

La conclusión de los autores del libro es que no se trata de una moda pasajera, sino de una reacción contra las democracias liberales; surgió mucho antes de la llegada del primer Trump al poder y se ha convertido ya en un movimiento internacional. Es necesario prestarle una seria atención porque es un movimiento que no va a desaparecer en un futuro inmediato.