Caja Rural Comarcal (CRC) de Mota del Cuervo

Autor: Primitivo Cano Contreras

INTRODUCCIÓN: La permisividad o la inacción. Antecedentes

 Los devaneos de una sociedad vacía se antepusieron al sentido común y el dejar hacer de sus gentes  permitió que uno de sus grandes logros sociales fuera lapidado por la  falta de racionalidad y una voracidad desmedida de ciego enriquecimiento.

En multitud de ocasiones las debilidades humanas oscurecen el camino y hacen olvidarnos de que  la unidad de acción es el arma más letal que tiene el ser humano para frenar los abusos de cualquier grupo de poder corrupto y perverso.

Toda sociedad que no tiene el coraje de solidarizarse para contrarrestar la injusticia o la sin razón es una sociedad vencida que reniega de su verdadera historia y pierde el orgullo de contar los hechos a su propia prole.

¿Cómo es posible que la CRC llegara a formar parte de nuestras vidas, la consideráramos socialmente algo tan necesario y después la dejáramos caer en  manos especuladoras, sin plantear la más mínima lucha unitaria, como lo habría hecho cualquier pueblo libre que jamás consiente  que le pisoteen sus derechos?

En torno a estos pensamientos procuraré hacer valer mi humilde reflexión acerca de la permisividad o la inacción de muchos de los socios en la enajenación de nuestra entidad bancaria, la Caja Rural Comarcal de Mota del Cuervo.

Y para precisar el análisis entroncaré lo acaecido dentro de lo que fue el origen y desarrollo cooperativo  en el pueblo.

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 Finalizada la guerra civil, el nuevo estado autoritario depuraba e intervenía las cooperativas democráticas desarrolladas al amparo la 2ª Republica y bajo la Ley de Cooperativas de 9 de Septiembre de 1931. En España durante la Dictadura Franquista 1939-1975, ya se hablaba de una realidad anterior a 1933 que mostraba  la existencia de más de 3200 cooperativas agrarias y cerca de 600 cajas rurales en todo el territorio nacional. Después, con la publicación de la Ley de Cooperativas de 1942, se replanteó una nueva reordenación del sector cooperativo que pondría al descubierto la contradicción existente entre los diferentes sectores de poder. Surgiendo una rivalidad entre las familias o grupos que, por aquel entonces, pretendían hacerse con el control político local. Las nuevas normas de ordenación sindical, disponían que fueran los sindicatos verticales quienes se hicieran cargo de la situación agraria y fomentaran un tipo de cooperativismo controlado y aclimatado a la reciente legislación franquista. Al tiempo que se establecía un único sindicato que aglutinaba a productores y obreros.

Por otra parte, los falangistas hostiles al cooperativismo, chocaban a la hora de defender una organización corporativista y vertical de la producción e intentar poner en marcha sus tesis autárquicas y de regulación de precios. Desde la misma Central Nacional Sindical se procuraba domesticar un proceso de origen democrático, aplicándole la Ley de 1942 que en realidad venía para disciplinar el hecho cooperativo en el sentido más estricto y jerárquico; siendo los Delegados Provinciales, por medio de la Obra Sindical de Cooperación, los que disfrutaban del derecho de veto en los nombramientos de los cargos directivos electos y los que ideológicamente velaban por mantener los principios políticos del  régimen. De este modo surgía un cooperativismo de corte verticalista que se alejaría, durante bastante tiempo, de los principios democráticos de origen, al estar integrado en la C.N.S. (Central Nacional Sindical) y ser ésta una organización totalitaria, autoritaria y antidemocrática.

Al principio, el control de muchas cooperativas fue utilizado como una vía de credibilidad personal de algunas familias que pugnaban por alcanzar mayor respetabilidad dentro del nuevo régimen y poder aprovecharse de la intervención del Estado para amparar ciertas prácticas especulativas en los cupos de fertilizantes, exportación, maquinaria y de otras necesidades que escaseaban y se traficaban en el mercado negro (el estraperlo).

 Surgía así un aparente enfrentamiento político local que  a veces llegaba hasta manipular las escasas disputas  electorales. Una lid entre los dueños del caciquismo local que pretendían conseguir el control síndico-municipal y desde él tener un fácil  acceso a las prebendas del Estado. Fue entonces cuando algunas de las actuales cooperativas surgieron como un carnet garante de credibilidad al servicio de quienes pretendían acogerse y acceder al reparto de los planes de desarrollo que planificaba la dictadura.

Las gentes de nuestro pueblo no fueron ajenas a esta realidad. El “Tamallazo” (comprar o pagar a alguno de los candidatos para que cambien el voto o no lo utilicen en favor de la organización o grupo por el que se han presentado) ya llegó a conocerse por aquel tiempo, cuando dos de los cabildos electos vendieron su voto a cambio de ciertas prebendas.

Fue precisamente, en esa época en la que todo estaba extremadamente controlado y con ese clima de enfrentamiento, cuando en el año 1948 se iniciaba la constitución de la Cooperativa vinícola de Ntra. Sra. de Manjavacas. Eran  momentos de protagonismo personal o liderazgos que provocaron desconfianza y una ruptura dentro del sector agrario local. Una fisura que ha permanecido abierta  prácticamente hasta el momento en el que la práctica totalidad de agricultores, por transmisión patrimonial o bien por interés económico, deciden progresivamente entrar en la “casa común”.

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Concentración en defensa de la Caja tras la intervención del Banco de España

Las cooperativas surgieron como defensa de la pequeña explotación familiar. En el sentir de muchos agricultores ya existía el firme convencimiento de que uniendo sus fuerzas y concentrando la oferta de sus productos podían llegar a frenar el abuso y la especulación de quienes se aprovechan de gran parte del sudor de su trabajo. Nunca deberíamos ignorar, ni echar en saco roto, todo aquel enmarañado camino de esfuerzo y sacrificio  que otros recorrieron para dejarnos en marcha la Entidad que ha sustentado hasta hoy en día los pilares básicos de nuestra economía local. Creo que, al  inicio, hubo personas coherentes y con principios unitarios que a pesar de las adversidades se esforzaron y apostaron por sacar adelante el proyecto. A sabiendas de que no iba a ser fácil  y serían muchos los problemas a los que tendrían que enfrentarse.

Si nos remontamos a aquellos años, la escasez de medios dificultaba cualquier tipo de construcción. Eran tiempos de tapiales, carros y riatas con los que  se transportaban la tierra, piedra u otros materiales que se arrancaban y cargaban a pico y pala. Cualquier pequeño logro precisaba de un enorme sacrificio. Tiempos de miseria y escasez de los que he escuchado contar a algunos, lo duro que era  entregar todo el producto a la cooperativa y luego tener que esperar con la incertidumbre de no saber hasta cuándo  podrías llegar a cobrarlo. Mientras otros, por discrepancia o falta de principios, desconfiando de la idea, aprovechaban la reducción de la oferta para rentabilizar particularmente la venta de su producto a bodegas de particulares o buscando otra alternativa creando  Sociedades Agrarias de Transformación.

Creo que es imprescindible para precisar este análisis resaltar el recelo, la divergencia y la falta de unanimidad que hubo en el origen, entre los agricultores de Mota, para canalizar la totalidad de la  producción en una única entidad asociativa. Una realidad que nos ha llevado a estar bastante tiempo distanciados o en cierto sentido descalificándonos y aireando los errores de las desventuras del mal ajeno. Tal vez,  por esta razón, todavía en el fondo persistan contradicciones de aquel pensamiento rupturista que surgió en la constitución inicial y que eludió la búsqueda de soluciones tolerantes fundamentadas en un único y auténtico cooperativismo de base unitaria y democrática para nuestro pueblo.

En estos momentos que nos han hecho creer que ya no hay diferencias entre ricos y pobres. Y se nos llena la boca al decir que la Cooperativa es de todos.  Me atrevería a decir que aún persisten algunos rescoldos asidos a la doble pertenencia asociativa que reflejan aquellas diferencias en el modo de concebir el cooperativismo. Cenizas candentes que  remarcan una clara competencia desleal y ponen al descubierto las contradicciones con los principios cooperativos de corte más social que buscan el amparo y la protección de la pequeña explotación familiar ante la injusta especulación de los dueños del mercado.

Desde este punto de vista particular, que por supuesto no pretende presentarse como la única verdad absoluta, intentaré hacer ver que la renuncia a  prestar apoyo o encabezar la lucha por recuperar la Caja Rural, anunciada por el Presidente de la Cooperativa del Vino (la entidad fundadora) en las reuniones celebradas en el Museo de la Alfarería, viene soterrada en gran medida por esa manera diferente de entender el cooperativismo, la falta de principios  de origen o tal vez por aquella lacra residual de entendimiento unitario que en estos momentos aparecen amalgamados en un pensamiento de corte empresarial que se afianza en un macro desarrollo productivista insostenible. Todo ello, encuadrado dentro del marco de una Política Agraria Común, regional y nacional implantada por gobiernos socialdemócratas y de derechas que han olvidado el verdadero papel social del cooperativismo y primado más la concentración de la tierra en menos manos. Una visión agraria desacertada y reduccionista que ha precipitado a parte del sector agrario a  abandonar progresivamente el campo y  nuestras zonas rurales. (El problema es que esto también lo defiende la PAC, tal como se ha decretado recientemente).

Tampoco podemos ignorar el papel que jugaron las cooperativas, durante la década de los setenta y al inicio de la democracia, al ser sus asambleas pioneras en  empezar a reivindicar derechos para retornar a una realidad más aperturista y plural. Una época en la que Mota del Cuervo abría sus puertas a la celebración de la  Asamblea Nacional de Cooperativas Agrarias y desarrollaba gran parte de su asentamiento económico en base a un brote de cooperativismo de corte social que posteriormente fuimos abandonando por la ausencia de un estado garante que creyera en ellas y  fundamentara parte de la economía nacional en su desarrollo y promoción. Fue por entonces, cuando se crearon cooperativas de todo tipo: Trabajo social (costura, cantera, albañilería, herreros, camioneros), Consumo, Ultramarinos, Transporte, Vivienda, Ajos…, y dentro de la propia Cooperativa de Manjavacas se ampliaron y desarrollaron las Secciones de abonos, semillas, fertilizantes, uso común de tractores y cosechadoras, almazara, embotelladora, ferretería, crédito agrícola… Un momento de apertura hacia una economía solidaria, de corte más social,  que se esforzaba por priorizar nuevos métodos de gestión y comercialización, y ofrecer la esperanza a muchas familias de poder vivir de un trabajo tan digno como es la agricultura y de otros socialmente cooperativos.

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Sin embargo, el increíble desarrollo tecnológico al servicio del poder económico del gran empresariado nos ha abocado a un sistema productivista ilimitado, que insaciablemente busca la concentración de la riqueza, deja la propiedad de la tierra en menos manos y socava de modo irreversible el verdadero papel social del cooperativismo. Una actualidad plenamente globalizada en la que la mayoría de las Cooperativas vinícolas se  han dotado de una macroestructura moderna, capaz de incrementar desorbitadamente su capacidad de almacenaje y elaboración. Pero en las que el número de socios cada día es más reducido y son ya muchas menos las familias que siguen dependiendo directamente de la agricultura. Hoy en día, a pesar de estar integrados dentro de una Política Agraria Común, la realidad del sector primario es crítica. Las organizaciones agrarias siguen manifestándose, sacando los tractores y cortando las carreteras igual que a finales de los años setenta, pidiendo precios más justos. La situación es insostenible, el campo deja de ser rentable para muchas de nuestras pequeñas explotaciones y la España rural se queda vaciada.

Y es a partir de lo expuesto como intentaré fundamentar la importancia de la Caja Rural en el desarrollo social y económico de la vida de nuestro pueblo y por tanto la gravedad de su pérdida. Sin olvidar que en la pugna por controlar la globalidad del mercado, el neoliberalismo más insaciable ha sido aupado por los distintos gobiernos de turno ofertándole la privatización de cualquier tipo de empresa asociativa, cooperativa o pública que les fuera apetecible y rentable.

Sinceramente pienso que durante muchos años, la Caja Rural ha venido prestando una significativa labor social en Mota. Favoreciendo el progreso del pueblo en general y en especial al mundo cooperativo en el que su apuesta ha sido fundamental. De un modo u otro, quienes pertenecemos a él, hemos podido comprobar la importancia que tuvo capitalizar el dinero de todos para  amparar nuestras necesidades básicas y facilitar  ayudas para renovar y mejorar nuestras estructuras. Todo dentro de un contexto supervisado y confiado a personas cercanas que sufrían los mismos problemas y nos hacían creer en la importancia de que sumando nuestros ahorros podíamos prestarnos a nosotros mismos  ayudas solidarias que hicieran progresar a toda la comunidad.

A lo largo del tiempo han sido muchas las personas electas para que  llevaran a cabo una distribución del crédito socialmente justo y que marcaran una dirección política y económica en la entidad bancaria de una forma austera y  sin favoritismos. Lo público o lo cooperativo, como es este caso, siempre debe mirar socialmente hacia los sectores más pobres y marginales. Es la verdadera razón de su existencia. Y nuestra obligación, la de estar plenamente comprometidos con ello, para evitar que la utilización del crédito caiga en manos de espabilados emprendedores que alardean de su vivaz inteligencia,  ideas geniales y capacidad de generar pasta fácil en negocios que otros no vemos o no queremos ver.

 Sin pretender adentrarme en terrenos financieros o mercantiles en los que  soy un verdadero profano, procurare desarrollar mi punto de vista dentro de la  experiencia sufrida.

 En mi familia desde siempre desconfiábamos de los bancos, hasta el extremo de llegar a pensar que únicamente nos acercaríamos a ellos, cuando tuviésemos  la inevitable necesidad al padecer algún tipo de enfermedad grave. Por eso, cuando mi padre comentó en casa que se había hecho socio de la Caja Rural por pertenecer a la Cooperativa del vino,  nos argumentaba que tal decisión la había tomado porque, en esta ocasión, entendía que se trataba de un banco diferente al ser ahora propiedad de todos los cooperativistas. Surgía así un potente instrumento protector capaz de concentrar los ahorros de los socios para después de forma democrática planificar una redistributiva financiación dentro del ámbito rural. Una idea de amplio calado social que abría la puerta a muchas familias humildes que, como la nuestra, tenían ciertas dificultades  para acceder a esos pequeños y tan necesarios créditos de subsistencia que hasta el momento para muchas de ellas estaban prácticamente  vetados.

Así fue, bajo mi sentimental opinión, como desde dentro de la propia Cooperativa se iniciaba y se consolidaba la creación y el desarrollo de una banca de todos. Un pensamiento progresista que poco a poco fue ampliándose y ganándose la confianza y el prestigio dentro del municipio. Se trataba sencillamente de que la propia Junta de la Cooperativa, desde un punto de vista social y equitativo, gestionara también al mismo tiempo, de forma correcta y diligente, los pequeños ahorros de todos sus socios.

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 LA JUVENTUD POR LA DEMOCRACIA Y LA LIBERTAD.

En Mota, al igual que en otros municipios, con la llegada de la democracia, una oleada de juventud con ideas progresistas impregnaba las diferentes instituciones locales de un aire renovado de ansias de justicia y libertad. El sindicato único en el que se fundamentaba el estado dictatorial desaparecía a través de la Ley de Cámaras Agrarias. Las gentes retomando la unidad de acción con ilusión y esperanza configuraban  una nueva sociedad sindical y políticamente más plural.

Y es en esa primera fase democrática, cuando el PCE y la COAG, junto a otras organizaciones políticas y sindicales asumen el protagonismo que les dieron las urnas para desde el Ayuntamiento y la Cooperativa abordar los cambios que anhelaba la nueva sociedad moteña. Creo que fueron momentos irrepetibles de altruismo y de querer aportar todo lo mejor de nosotros mismos para conseguir los logros necesarios que regeneraran la vida de la incipiente sociedad.

El poder político y económico local, por primera vez, se vieron unidos para canalizar acciones conjuntas que mejoraban la vida de los más desprotegidos. Siendo, por aquel entonces, cuando se abordó la adquisición de parte del capital de los Condes para repartirlo entre los socios a través de  una  equitativa subasta, cuando se reunieron la Junta de la Cooperativa de Manjavacas (que en ese momento era la misma que gestionaba la C.R.C) y el Ayuntamiento, con un verdadero sentido social, para sellar un acuerdo que sentaba las bases de la  construcción de la piscina municipal y el Centro de Salud y también cuando paso a paso se empezó a conformar el patrimonio que daría lugar posteriormente a la FUNDACIÓN. Hechos reales e impensables de llevar a cabo por cualquier banca privada; pero que sin embargo, la voluntad unitaria junto a la rentabilidad del conjunto de nuestros ahorros, lo hicieron posible.

El avance que experimenta cualquier sociedad nunca es fruto de la individualidad, sino que es la fuerza de la mayoría social la que canaliza la verdadera acción de progreso. Una fuerza forjada con fondo ético y responsabilidad social que, limita la inversión ilusa, nos lleva al crédito justo y a proyectar una economía equilibrada.

 LA INTERVENCION DEL BANCO DE ESPAÑA.

Creo que para completar este análisis es preciso sustentar una valoración que contrarreste   la “arrebatadora” intervención llevada a cabo por el Banco de España contra la CRC, en el preciso instante de conocer el acuerdo de su Asamblea General de querer seguir manteniendo su independencia. Para lo cual me limitaré a exponer lo que cuenta José María Monzón (El Gran Wyoming) en su libro, No Estamos Locos, de Editorial Planeta pag. 131-132 donde relata lo siguiente:

El futuro de los trabajadores se ve negro cuando el Banco de España, a través de su gobernador, Luis María Linde, recomienda que se permita hacer contratos al margen de los convenios colectivos, así como traspasar la línea roja del salario mínimo interprofesional, que actualmente está en 645 euros. Me llamarán demagogo, pero quiero destacar que quien eso afirma ganó 81.320 euros pagados de las arcas públicas en los seis primeros meses del año 2012. Dice este señor que el salario mínimo de 645 euros puede suponer un freno a la contratación, ya que «no se ha conseguido paliar el desolador panorama laboral – y cito textualmente- de los esperanzadores logros alcanzados por la reforma laboral en materia de flexibilidad interna y moderación laboral». Bueno, como sabemos que este cargo lo ostenta un técnico de esos que no tienen ideología, no hacemos comentario alguno, pero cualquiera diría que no es que se le vea el plumero, es que parece un pavo real haciendo de cheerleader en la puerta de la CEOE. Por cierto, ¿cuándo van a dejar los distintos gobernadores del Banco de España de repartir doctrina política siempre en el mismo sentido, y se van a dedicar a poner orden en este “sin dios” en el que se ha convertido el sistema financiero de este país, donde Bankia puede presentar unas cuentas con un saldo positivo y terminar necesitando unas ayudas de 23.500 millones de euros sin que salten las alarmas?  ¿Nadie les va a pedir cuentas? ¿Nadie va asumir responsabilidades? ¿Para qué les pagamos? ¿Se les va a exigir productividad?

Pues eso, estos que se llaman, con toda la razón del mundo, liberales en economía, tiran hacia arriba y por extensión se hacen llamar liberales en general, dejando a los otros, los que son liberales de verdad, los amantes de la libertad, fuera de juego.

Pienso que no hace falta tener un coeficiente intelectual muy alto para detectar que el acto ejecutorio de intervención practicado, por el Banco de España, en contra de la opinión y del sentir mayoritario de todo un pueblo (en la CRC estábamos asociados prácticamente todas las familias) pidiendo su independencia y libertad económica, pone en evidencia la imposición de una argucia legal  que  echa en  olvido el derecho de equidad que tiene toda persona o entidad jurídica a ser tratada por cualquier estamento público. Un acto de celeridad autoritaria  del que subyace una supuesta relación de connivencia promiscua al pretender la suspensión inmediata de la cooperativa de crédito para  pasarla a manos de otra entidad crediticia de mayor solvencia económica que, en este caso concreto, coincidía exactamente con la misma empresa bancaria a la que  habíamos acordado, poco antes, rehuir y rechazar nuestra integración. Algo así como: “Si no tienes bastante con una, toma dos tazas o si no te parece bien por las buenas, entrarás obligado por las malas”. Creo que lo demás son excusas banales que no justifican la inclinación del acto autoritario y el silencio de quienes lo consintieron, pasando de largo y permitiendo que nos las hayamos tenido que tragar todos como puños. ¡Bueno, allá  conciencias! ¡Aunque, a decir verdad, no puedo evitar manifestaros mi malestar! Y no es por el interés económico, sino por ese cierto resquemor que te recome y te humedece de pena, al descubrir que no hemos sido capaces de  estar a la altura que exigían las circunstancias para encontrar la respuesta adecuada que evitara el vapuleo que ha recibido nuestra dignidad como pueblo.

 UN LEGADO QUE AVERGUENZA.

Aunque no soy quién y no es mi intención juzgar a nadie; por entender que es de vital importancia y mi conciencia no me lo permite, entraré a analizar alguna de las acciones que considero fundamentales para el posterior desarrollo de los hechos. Lo que supuso, en aquellas circunstancias tan decisivas, que la Junta Rectora de la Cooperativa de Manjavacas, se desmarcara del asunto y renunciara a defender los principios fundacionales que dieron origen a su propia Sección de Crédito. No tengo más remedio que remarcar que, con su descuelgue e inhibición absoluta, renunciaba  de sí misma, de su razón de ser y facilitaba el camino  del expolio al consentir que una parte de su anterior tejido estructural  pasara a manos de un banco ajeno. Argumentando, según palabras de su propio presidente, que “Nosotros no vamos hacer nada, porque así creemos defender mejor los intereses de la Cooperativa”; sumado al mutismo absoluto de todos los consejeros de la Caja -los de la junta anterior y los dimitidos- empecinados en no aportar la más mínima información o ayuda y el nulo interés municipal por comandar un AMPLIO FRENTE SOCIAL, frenaron de modo exponencial las esperanzas de volver a recuperar lo que nos estaban enajenando a ojos vistos.

Una rendición sin condiciones que no sólo  asumía entregar a manos extrañas, nuestro potencial económico financiero, sino que además el paquete incluía los hábitos de fiel relación y conexión sentimental. Toda una clientela devota, desconocedora, en muchos casos, de otras alternativas e incapaz de arriesgarse a romper los fuertes lazos que le unían con la única entidad bancaria a la que siempre había confiado todos sus ahorros.

En estos últimos años hemos presenciado como el Estado ha desmoronado al  propio Estado entregando parte de su tejido público y con ello, también parte  del sacrificio de la sociedad a manos privadas. Hemos visto implantar un pensamiento único que nos ha venido hablando de las bondades de las privatizaciones, haciéndonos creer que ya no existían clases sociales, que eran sólo formas de vivir y que todos disponíamos de la misma capacidad de compra para adquirir  las burbujas y fantasías que publicitariamente  nos venían ofertando.

Creo, que esta evolución de pensamiento hacia esa realidad ficticia, ha sido en parte la culpable de que nos hayamos alejado de tener los pies sobre la tierra. El ego personal, por adquirir un status superior, nos ha impregnado de una coraza individualista y de un egoísmo ciego que  ha resquebrajado la virtud solidaria que tiene el ser humano como ser social. Hemos llegado a perder la austeridad como hábito de vida, a pensar que podíamos hacer uso y abuso de todo cuanto nos rodeaba y a presuponer que los recursos  eran inagotables o simplemente regalos que nos merecíamos sin más. Olvidando que el mundo no nos pertenece, que la tierra, el mar, el aire y la realidad no podemos tratarlos como una ficción, sino por el contrario con el más cuidadoso respeto para que los que vienen detrás puedan vivir dignamente y continuar disfrutando de los mismos derechos que nosotros habíamos heredado.

 ¿DÓNDE HEMOS FALLADO?

Pienso que todos en parte, hemos sido un poco culpables por no haber sido capaces de evitar los errores que otros interesadamente han aprovechado  para imponer su golpe de estado financiero. En las sociedades democráticas las equivocaciones se deberían subsanar, depurando  responsabilidades en el caso que las hubiera y seguir avanzando para superar las debilidades humanas que en ocasiones ralentizan y oscurecen las razones  que consideramos buenas para todos. Nuestras formas de actuar nos han llevado a perder los referentes y a dejarnos confundir por el continuo bombardeo de reclamos fáciles.  Olvidándonos de que el verdadero potencial económico de la CRC, radicaba en servir de ayuda al desamparo y  garantizar la protección de las inversiones que pisaran la realidad; en vez de financiar las ilusiones de quienes se arriesgaban  apostando por rentabilizar beneficios de una burbuja especuladora y pasajera.  

Aparte de la superficialidad con la que solemos valorar lo que beneficia o perjudica a todos, en este caso que nos atañe, el asunto ha estado distorsionado por las relaciones de amistad, proximidad familiar, vecindad o la amenaza de tener que enfrentarnos a dilucidar unas supuestas responsabilidades dentro de un pueblo en el que nos conocemos todos. Un hecho palpable que ha motivado a que muchos escondieran la cabeza bajo el ala y se dejara vía libre a otros, sin escrúpulos, para usurpar lo que entre todos estábamos obligados a defender con uñas y dientes. Un asunto muy delicado que no puede estar exento de sopesada prudencia a la hora de señalar a personas amigas que aprecias y empáticamente te obligan a utilizar con prudente rigor tu propia verdad.

 Creo que nos ha faltado coraje para afrontar un debate sosegado que analizara en profundidad todo este entramado social y, partiendo de él, enfrentarnos al problema con la seriedad que requería un asunto de “Estado Local” que necesitaba del  apoyo conjunto de todas las fuerzas políticas y sociales: las Juntas Rectoras de La Caja Rural, de las Cooperativas, la Corporación Municipal, todos los socios o cualquier persona con sentido común que fuera consciente de la gravedad de lo que nos estábamos jugando. Un frente común levantando una única voz de justa equidad reclamando el derecho que  otorga  el acuerdo de una Asamblea General en la que una amplia mayoría de los socios legitimaba seguir manteniendo la Entidad en las mismas  manos de quienes la crearon.

 El problema era evidente, el egoísmo individual, junto al temor cauteloso de presuponer haber realizado una mala gestión o el defender la razón de su sin razón, se imponía por encima de la fortaleza y el valor de quienes más debían  velar para que la dignidad de todos no fuera pisoteada. El Consejo Rector de la CRC, a la vista del resultado de la votación, como si se tratara de una promesa de borrón y cuenta nueva que les ofreciera acogerse a una supuesta amnistía, renunciaba a asumir el acuerdo de su Asamblea y se escudaba en bloque tras su dimisión dejando a la Entidad huérfana. Cerraba filas, para desde su unánime decisión,  seguir manteniendo el más absoluto secretismo, jamás quebrantado, para facilitar la más mínima información a La Plataforma Queremos Nuestra Caja y pudiera conseguir su objetivo de recuperar la Entidad. Creo que el interés era claro, no importaba dejar el barco a la deriva, cuando todos los Consejeros sintiendo el mínimo apego decidieron abandonarlo todo para vivir su propia realidad; ajustando su ventaja particular para encontrar la puerta de salida que les evadiera de una presunta  responsabilidad por una gestión comprometida que perjudicaba a muchos en beneficio de tan sólo unos pocos. Una valoración personal que no pretende cuestionar la honestidad y la honradez de estos miembros; pero sí reclamar de ellos un mayor  sentido común y un mejor asesoramiento para haber desempeñado correctamente las funciones que libremente habían aceptado. 

Es cierto que en el fondo todos somos un poco culpables por no haber asistido a las asambleas, no haber elegido bien a nuestros representantes y  no haber estado lo suficientemente alerta para aclarar los rumores que señalaban a ciertas personas que  se estaban extralimitando en el estricto cumplimiento de su cargo. Aún así, a los que, estando al frente de la Entidad,  concediendo las operaciones de crédito de alto riesgo, ignorando la prudencia y la sensatez, les  considero presuntos responsables de  una falta de prudencia y madurez a la hora de aprobar o sancionar las concesiones ignorando que ponían en grave riesgo un dinero que no era propio, sino de todos. Las irregularidades en la fiscalización o el descontrol en la formalización de los préstamos sin los debidos informes de  análisis de riesgos o la ausencia de advertencias de ilegalidad a quienes se  extralimitaban en sus funciones, presupone una prueba manifiesta de manga ancha o laxitud en la gestión política y económica de la Entidad. Deja en el olvido la equidad distributiva y pone en evidencia la ausencia de una conciencia cooperativa que pagaremos todos con creces y que por supuesto reprocharían aquellos que antaño dedicaron su esfuerzo para mejorar la vida de los que vendrían detrás. Jóvenes con la necesidad de acceder a algún crédito para iniciar su andadura o que les pudiera sacar de apuros en momentos de agobio económico y a los que les hemos negado la oportunidad de poder hacerlo en una banca propia y de todos.

 CONCLUSIONES.

En la historia de la CRC descubriremos momentos turbulentos de dudosa transparencia en los que aflora la extralimitación de funciones y el uso indebido del dinero por quienes no debieron hacerlo por honradez profesional, sabiendo que atesoraban la confianza de todos y estaban bien retribuidos para custodiarlo. Realidades evidentes que no se pueden olvidar por ser un golpe traicionero y mortal que iniciaba el declive de la  credibilidad del bien hacer de nuestra Entidad. Puntos de inflexión a partir de los cuales el funcionamiento regular y la relación apego-afecto avanzaron en sentido decreciente al sentirse mucha gente defraudada y abrirse, al mismo tiempo, las puertas de la duda y la desconfianza. Problemas  muy graves con soluciones que, a pesar de ser aprobadas, no llegaron a  convencer a mucha gente. Aún así, pienso que lo sucedido no debe servir para justificar el  hecho de que muchos, se quedaran en casa y negaran su lucha para recuperar de nuevo la CRC. Sin entrar en un análisis  profundo, por prescindir de pruebas que fundamenten los hechos, matizaré que, a pesar de todas las debilidades que no hemos sido capaces de superar a lo largo de todo este recorrido, concluiré afirmando lo siguiente: PRIMERO, que en estos momentos de pandemia e incertidumbre para la que sin ningún tipo de reparo pedimos la unidad de acción de los que están al cargo de las instituciones del Estado; y  en los que el índice de paro se aproxima al 20%, estamos conviviendo con una alta precariedad laboral, el Ingreso Mínimo Vital, el teletrabajo, los ERTEs y las cooperativas  están construyendo su futuro sobre la base del incremento desproporcionado de una ilimitada oferta, nos encontramos ante un panorama delicado y recorriendo un camino equivocado que nos llevará a tener que enfrentarnos a muy graves consecuencias. La agricultura actual, nos abocará al abismo si la producción sigue encadenada al egoísmo desbocado y a estar controlada por un grupo cada vez más reducido de propietarios que empiezan a dejar de trabajar la tierra. En palabras de Bertol Brech  diríamos: Primero vinieron a por los de 50.0000 y yo no dije nada. Luego vinieron a por los de 100.000 y, como yo no estaba entre ellos, no dije nada. Después se llevaron a los de 200.000 y fue cuando comprendí  que estaba perdido y que ya mis compañeros no estaban para ayudarme…  SEGUNDO, que una cooperativa de crédito o de cualquier otro tipo, es algo más que un especulador banco o la excelencia de cualquier brillante y eficiente empresa. Es, sin lugar a duda, otra cosa muy distinta, es una forma inequívocamente buena de organizar y desarrollar de un modo sostenible la economía de muchas familias trabajadoras y humildes bajo el principio de justa equidad. TERCERO, que el egoísmo, las mezquindades o las torpezas que albergamos algunos seres humanos, no deben hacernos olvidar la senda que estamos obligados a seguir descubriendo para mejorar la vida de tod@s.

El pasado 8 de Octubre de 2020, Globalcaja celebraba en Albacete su Asamblea General Anual y hacía públicos los resultados del ejercicio de 2019. En ella, uno de los pilares en que fundamentaba la solidez de su fortaleza financiera era haber obtenido unos beneficios de 46´2 millones de euros fuera de impuestos. Un 56% más que en el ejercicio anterior. Es de suponer que un buen pellizco de estas sustanciosas ganancias ha salido de nuestros bolsillos. Eso sí, sin la esperanza de que van a retornar en realidades palpables como cuando la CRC era propia y estaba bien gestionada.    

Después de este paso atrás, es consecuencia lógica que llegaran las lamentaciones, la rabia y la impotencia de no haber sido capaces de sacar lo  mejor de nosotros mismos para lograr formalizar unidos ese frente común que detuviera este  arrebatador expolio que no merecía Mota del Cuervo, ni ningún otro pueblo.

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Ahora toca tener el valor de reconocer nuestros propios errores y mostrar de nuevo nuestra mejor voluntad para seguir aprendiendo y continuar trabajando, codo con codo, para lograr levantarnos y construir el futuro con mucha más cautela.

Ha transcurrido el tiempo, y en ocasiones, cuando me encuentro dentro del edificio de la CRC (en este momento de Globalcaja) esperando turno para que me atiendan, por lealtad a todas aquellas personas que de verdad creyeron en el proyecto, miro y admiro las oficinas del céntrico edificio  que fuimos capaces de levantar a partir de aquella humilde andadura forjada en las antiguas oficinas de la Cooperativa Vinícola ubicadas entonces en el Camino Real. A la entrada, una cola abarrotada de gente llega hasta la misma calle,  esperando su turno como yo,  charlando de sus quehaceres diarios, como si todo siguiera igual y nada hubiese ocurrido.

                                       …………………………

 Cuando el miedo al castigo, te hace abandonar todo aquello que has dicho creer, hasta un instante antes de decirme adiós. Cuando me apagas la luz que abre la puerta a la esperanza y  me niegas la ayuda que necesito para enmendar el daño que tu propia irresponsabilidad o ignorancia ha podido cometer. Cuando persistes reiterativamente en declinar tu mano para enmendar una evidente injusticia. Cuando…

Yo, sólo puedo decirte: lo siento. No soy capaz de mirar para otro lado.

Foto para portada Molinos Mota

Nota: En este blog ya hemos dado cuenta de lo sucedido a la Caja Rural de Mota del Cuervo. Véase la entrada http://www.dialogodesaberes.com/2016/10/la-defensa-del-comun-tras-la-intervencion-de-la-caja-rural-de-mota-del-cuervo-i/  Finalmente, la historia de todo el proceso, tras las sentencias en contra de las demandas de la Plataforma «Queremos nuestra Caja», y la pérdida tanto de la Caja como de su Fundación han quedado reflejadas en el siguiente libro:

Carmen Salido Noheda y Esperanza Morales López (eds. 2020) La Cooperativa de Crédito de Mota del Cuervo: De cómo un pueblo perdió un bien común, motor de su economía. Xeito Ediciones. https://www.amazon.es/dp/B089M2H4F4

Un comentario en “Caja Rural Comarcal (CRC) de Mota del Cuervo

  1. Leer con detenimiento la profunda reflexión que hace Primitivo respecto a la toma de posesión por Globalcaja de CAJA RURAL COMARCAL de Mota del Cuervo, nuestra caja,
    y contestar a ella, es complicado porque hay que leerla, volverla a leer después de una nueva vuelta por los pasajes más ilustrados, llega el momento de degustar una literatura de un amplio contexto socio económico que encierra en ella desde sus orígenes hasta nuestra pérdida de trono, viniendo a presentarla en su estado natural, de forma auténtica como es él y, como lo conocemos. En su relato presente tres sentimientos y reflexiones profundas: a) La amargura que le produce la pérdida del motor económico de nuestro pueblo. Y no lo dice por su actividad empresarial que hubiera requerido para él, sino que lo hace a nivel global y universal para su pueblo. Quizá ese sentimiento viene como razón de su función pública que ejerció. b) la forma en que fue adjudicada. c) tristeza, que un pueblo, junto a sus grandes instituciones sociales-culturales y económicas, no tomasen la palabra, al unísono, copiando a LOPE DE VEGA en «FUENTEOVEJUNA».
    Aún no sabemos de todas aquellas provisiones que hicieron para declararla en un estado ruinoso, si fue fruto de una realidad económica o fue fruto «presuntamente» de una maniobra para presentar el estado de ALARMA RUINOSO ¿Qué resultado hay a día de hoy de impago real de aquellas provisiones que hicieron? Ese dato nos indicaría cuanta verdad hubo en su adjudicación, pero no lo tenemos ni lo darían.
    Y, haciendo una reflexión al respecto del ESTADO RUINOSO QUE PRESENTARON DE CAJA RURAL. ¿Cómo fue que el comprador pagó el triple de la aportación a cada socio si había unas pérdidas millonarias que no cubrían ni con mucho el Capital Social? No es entendible en esa generosidad en Banca, donde siempre, con crisis del ladrillo, del petróleo, del covid-19, siempre salen muy airosos en cada ejercicio económico que se cierra. No ocurre igual para pequeñas y medianas empresas, pyme, comercio, autónomos, artesanos, todos sufrimos los latigazos de cada crisis y muchos no vemos el mañana porque hoy hemos muerto dejando tras de sí muchas familias en paro sin un puesto de trabajo, lo que significa doble pena porque además de perder el patrimonio y la marca comercial pierdes lo que más engrandece a un empresario… ser empleador.
    Volviendo al relato de Primitivo, creo que aún hay soluciones posibles a una vuelta a la normalidad si se presenta un proyecto nuevo, con muchas posibilidades de éxito, siempre que en esta ocasión el pueblo aparezca, para que poco a poco se pueda volver a una normalidad económico-social, cogiendo unos cauces directamente con las Instituciones de mayor calado de nuestro pueblo, aquellas que acaparan un gran número de la sociedad y volver a situarnos en una posición para que nuestros recursos reviertan directamente en nuestro pueblo. Tengo en mente ese proyecto y seguro que será importante presentarlo, exponerlo, expresarlo, cuantificarlo debatirlo y bautizarlo. También hablaremos en otro momento de los AFRANCESADOS, aquellos que ayudaron y colaboraron a quedarse a la invasión Napoleónica y no dieron un paso cuando les correspondía la mayor carga.
    Agradezco a Primitivo su misiva, porque tiene la integridad que se le requiere a un tema tan comprometido como lo es él. Un saludo.

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