Palabras nuevas, otras antiguas pero renovadas, para tiempos nuevos

Esperanza Morales
Hay dos hechos incontestables actualmente en el panorama global y que nunca se habían dado en la historia de la humanidad:
1. El enorme aumento de la desigualdad en el mundo. Según un informe de Oxfam Internacional (titulado «Riqueza: tenerlo todo y querer más», enero 2015), la riqueza se concentra en manos de una pequeña élite, que funciona como lobbies en los gobiernos y organismos internacionales para perpetuar su poder (el capitalismo neoliberal). Las cifras son elocuentes: en 2014, el 1% más rico poseía el 48% de la riqueza mundial, mientras que el 99% restante debía repartirse el 52%; si no cambia la tendencia, en 2016, este 1% tendrá aún más, el 50%.

Imagen 1Foto procedente de la web de Oxfam Intermón

2. El problema del cambio climático. Hay científicos que consideran que hemos llegado al límite de carga sobre el planeta, con lo cual a partir de ahora la naturaleza ya no se puede regenerar sola. Es necesario, pues, un cambio de vida de la ciudadanía global (menor consumo, decrecimiento, repoblación rural, etc.) y también un proceso activo del uso de energías renovables, regeneración de nuestros suelos, reforestación con variedades autóctonas que conservan mejor la humedad, el cambio de la agricultura extensiva a una más extensiva para liberar suelo para la reforestación, etc.

artico-oso-02-04-14Foto de la campaña de Greenpeace: «Salvemos el Ártico».

Hasta hace unos años, los científicos aún confiaban que la clase política sería más consciente del problema que se nos avecina y tomaría medidas urgentes. Sin embargo, después de las cumbres sucesivas sobre el clima y de firmas de protocolos para reducir las emisiones de los gases invernadero, se observa que muy pocos políticos están dispuestos a tomarse en serio el asunto. Hay demasiados intereses económicos y sobre todo «lobbies» que juegan también un papel importante: un ejemplo claro es el actual comisario europeo de agricultura y medio ambiente, el sr. Arias Cañete; alguien que tiene que decidir sobre las políticas de cambio climático en Europa cuando él es parte integrante del «lobby» petrolero.

Por tanto, en este momento, es la hora de la ciudadanía, de las clases medias y trabajadoras, porque son estas las que sufrirán realmente las consecuencias del cambio climático: tendrán menores cosechas, vivirán en entornos menos saludables, sus casas se podrán inundar más fácilmente, se verán forzadas a desplazarse o a emigrar, etc. Como ejemplo puede consultarse el siguiente vídeo, entre muchas otras noticias sobre las consecuencias del cambio climático:

http://www.greenpeace.org/espana/es/Multimedia/Videos1/Espana-hacia-un-clima-extremo/

En las múltiples asambleas realizadas en las diversas acampadas del 15M se llegaron a dos conclusiones importantes. Unos grupos optaron por promover el cambio político involucrándose en la acción política (tal es el caso de los nuevos partidos y plataformas ciudadanas que se están ya presentando a las elecciones). Otros optaron por la creación de iniciativas económicas alternativas al capitalismo neoliberal, con el objetivo de demostrar que una economía basada en el cooperativismo, la solidaridad y el equilibrio medioambiental es totalmente viable.

La escena mediática del 15M se apagó y hay quien cree que no ha quedado nada de lo que allí se decidió. Sin embargo, en el ámbito de las alternativas eco-sociales, hay muchos grupos locales trabajando actualmente para crear alternativas reales en el ámbito económico y ecológico. Mostrar estas alternativas será nuestro objetivo prioritario en el blog porque creemos que necesitan ser replicadas en otros muchos lugares (con espíritu crítico, obviamente) con el fin de solucionar uno de los problemas más acuciantes actualmente: la generación de nuevos puestos de trabajo digno para los jóvenes y para los expulsados a la fuerza del mercado laboral.

Estos grupos alternativos hablan de economía social (o del bien común), mercado social, moneda social, trueques, recuperación del trabajo artesano y parte de la manufactura local (en lugar del uso de productos importados) en ámbitos como el textil, alimentación, construcción natural y tradicional (bioconstrucción)…

También hablan de volver a recuperar la soberanía alimentaria (como sucedía antiguamente en nuestros pueblos en los que toda la alimentación procedía de los productos locales) para que la riqueza se quede en lo local y no se la lleven las multinacionales (los del 1%); optan por la recuperación de las semillas autóctonas, el uso de pesticidas naturales, la permacultura, los huertos familiares (tanto en el rural como en las ciudades) e, incluso, la recuperación (sostenible) de los productos silvestres de nuestras tierras comunales y bosques.

Defienden la soberanía energética promoviendo la autogeneración de energías renovables, frente a la energía tradicional de grandes estructuras tecnológicas (tan contaminantes), dominada por los «lobbies» energéticos. Las ciudades tienen que ser espacios libres de contaminación, saludables. Un estudio reciente sobre la contaminación en Barcelona afirmaba que está ya afectando al rendimiento cognitivo de los niños en las escuelas cercanas a las calles con más presencia de coches; el estudio muestra que el rendimiento cognitivo de los escolares es mayor en los barrios más altos y ventosos.

Y, finalmente, optan por un uso más racional de la tecnología: frente al estilo de “usar y tirar” que defienden las grandes empresas, la economía del bien común no pretende una “vuelta a las cavernas”, pero sí prescindir de la tecnología innecesaria y, sobre todo, recuperar el trabajo artesano de la reparación de los aparatos en uso, acabando así con la “obsolescencia programada”. La existencia de los cementerios tecnológicos es otra de las grandes amenazas para el cambio climático y, sobre todo, para la salud de los ciudadanos pobres.

Esperanza Morales López

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