La compra semanal: Del supermercado a la cooperativa de consumo

En esta entrada, le hacemos una entrevista a Marcial Blanco, responsable da cooperativa de consumo Zocamiñoca (http://www.zocaminhoca.org), en la ciudad de A Coruña, para saber quiénes son, por qué surgieron y para qué.

[Si quieres leer el texto en gallego, pincha en el siguiente enlace: Texto en versión original_lengua gallega].

Marcial grelos
Marcial nos enseña los grelos, la verdura por antonomasia de la cocina gallega.

P: ¿Que es Zocamiñoca, que hacéis aquí, en este local?

R: Zocamiñoca es un grupo de consumo responsable consciente, un grupo de personas que vivimos en familia, compañeras de piso o a quien tengamos en nuestra casa, y que nos juntamos para poder consumir directamente los productos que queremos; los que cumplen los criterios de consumo responsable consciente: que no degradan el medio ambiente, ecológicos; pero non solo con etiquetado ecológico sino todo lo ecológico que nosotros consideramos que deben de ser; que vengan con el menor número de envases posibles, que vengan de cerca y no de lejos, etc. Pero además que cumplan otros criterios: que se respeten los criterios mínimos de las trabajadoras que intervienen en todo el proceso, tanto de producción hasta que llega aquí el producto, y que se respete también a las propias consumidoras que somos nosotras; así no nos interesan las empresas que defienden un consumismo de tipo ecológico o engañan al consumidor a través de la publicidad. Cada producto que está aquí viene detrás con una serie de características: por ejemplo, una mermelada viene con el coste de su envase, de la fruta con la que se hace, de las personas que intervienen, como está tratada, si forma parte de una cooperativa; etc. Intentamos que cada producto nuestro cumpla estas características comentadas.

Algunas de las personas que creamos Zocamiñoca éramos los típicos friquis de supermercado, siempre mirando las etiquetas de los productos para saber de dónde venían, etc. Y, claro, a nivel individual es un trabajo enorme, porque además los productos de las tiendas van variando y tienes que ir de tienda por tienda para buscarlos. La lógica es cooperativizar ese trabajo y que las distintas personas investiguen sobre las mermeladas, otras sobre los arroces, etc. Así surgió la idea de crear un grupo de consumo, a imitación de otros que ya existían en otras zonas de Galicia, de España y del mundo. Legalmente, nuestra propuesta derivó en una cooperativa con local propio, que da servicio a las personas socias, con una persona trabajando unas horas; abrimos dos días a la semana, vendiendo lo fresco un día, bajo pedido (por internet) a los productores, para garantizar que viene de la huerta ese mismo día o la noche anterior.

P: ¿Cuál es la relación de este modelo de consumo con el concepto de soberanía alimentaria?

R: Una base muy fuerte de Zocamiñoca es el producto fresco y local; apostamos por el producto cercano e local, aparte del producto ecológico. Trabajamos con las agricultoras locales para reforzarlas, no solo para consumir su producto, asegurándoles que tienen vendida una parte de su producción a Zocamiñoca, lo que les permite sacar adelante su proyecto.

P: Y esos productores ¿ya estaban o surgieron a partir de vuestra experiencia?

R: Algunos ya estaban, otros surgieron a la vez que nosotros y al principio nos vendían exclusivamente a nosotros; luego fueron ampliando su oferta; y otros surgieron después que nosotros, pero se apoyaron en Zocamiñoca para volver al campo; algunos aprovechando tierras de la familia, de su entorno, etc. Nuestro proyecto está muy basado en lo local, creemos que Galicia tiene un campo muy rico, que puede producir todo lo que necesitamos, y nosotros trabajamos para que eso pase. Y luego también algún producto de fuera, por ejemplo, algún producto de comercio justo, de países más lejanos; siempre procuramos que venga con el criterio de comercio justo, y que de algún modo se pagó un precio justo a las productoras, y lo hacemos también con empresas o grupos que trabajan en esos países, non solo con productos para la exportación, sino reforzando el sistema productivo de allí y garantizando la soberanía alimentaria o el autoconsumo de productos de aquellos pueblos.

P: Entonces la soberanía alimentaria ¿es algo tan sencillo como el refuerzo de las actividades económicas locales?

R: Sí, el refuerzo de lo local con un sentido: proteger la alimentación básica que necesita esa población y que no dependa de factores externos, como la especulación de los productos alimentarios.

P: ¿Cuál es a vuestra relación con los agricultores tradicionales, conocen vuestras ideas?

R: Nosotros tenemos mucha relación con las agricultoras que producen para Zocamiñoca, con otro tipo de productoras tenemos algo de relación, en particular con las de producción ecológica porque coincidimos en jornadas, encuentros, etc. En cuanto a la producción, sí que es mucho menor de la que debería haber en Galicia, y además mucho menos de lo que es el consumo fresco de aquí; creemos que es un problema de sistema económico y de distribución. La mayoría de los supermercados y también las tiendas pequeñas apuestan por la distribución a través de las grandes distribuidoras, que ofrecen precios muy bajos, pero donde la calidad del producto es muy baja. La gente está culturizada en ese sistema de baja calidad.

P: Esa relación con la producción local, ¿cuándo se perdió en Galicia?

R: Fue un proceso progresivo, primero se perdió en las ciudades, y sobre todo se perdió en las generaciones más jóvenes. También estas generaciones ya no compran tanto producto fresco; igualmente, nos acostumbraron a comprar los mismos productos todo el año, fuera de temporada. Por ejemplo, los calabacines en Galicia solo se producen en los meses de verano, y el resto no es posible su cultivo, pero como consumidores los queremos todo el año, vienen del sur e incluso de la exportación; y, si te acostumbras a estos, luego ya no buscas la producción local. Incluso esto está pasando en el campo, donde la gente tenía una relación más directa con la producción, pero acabó perdiéndose incluso en favor de grandes superficies en el mismo rural. Hoy podemos tener un Gadis o un Carrefour en el mundo rural y al lado un campo de manzanas abandonado o un productor que no puede vender nada en su entorno.

P: Lo que pasa es que la gente del campo también quedó impresionada por la apariencia de estos supermercados: el brillo de los productos, su gran variedad, un símbolo de progreso. Parece que nos ganaron con su marketing…

R: Sí, sí, todo esto está estudiado. Son modelos que intentan vender una idea del producto que no es real, y se basa en bombardearnos continuamente con publicidad, imagen, etc. Incluso con publicidad para que nuestros hábitos cada vez se adapten menos a los ritmos naturales de la tierra y más a las necesidades que tienen ellos. Así tenemos productos que no saben a nada, pero con un aspecto muy bueno.

Marcial y socia

P: ¿Cómo podemos cambiar esos hábitos? Sobre todo en el caso de la gente joven, que no sabe comprar en las tiendas pequeñas. ¿Aquí en Zocamiñoca tenéis gente joven?

R: Sí, no más abajo de la edad universitaria; los más jóvenes vienen con sus padres o madres. A partir de la vida universitaria, ya empieza a venir alguna persona, aunque aún no mucha. Los grupos de consumo, es por lo que apostamos. Pero tiene que haber otros modelos mixtos de pequeñas tiendas que tengan una parte de ecológico, otra parte de no ecológico, una parte de local y otra de más lejos, pero estas tiendas tienen que apostar por ofrecer un producto diferente al de la gran distribución. En Coruña, las pequeñas tiendas tienen el vicio de acudir al mercado central de fruta y verdura, donde hay cuatro o cinco mega-distribuidoras a nivel estatal, que mueven toneladas y toneladas de productos. Al final, los productos de estas tiendas son los mismos que los de los supermercados, pero con un peor horario, un poco más caro… Por lo tanto, es importante ofrecer un producto diferente, y también hacer un esfuerzo de comunicación de cuáles son esos productos locales que se ofrecen, con información detallada de sus productores, de su valor añadido, etc.

P: Hay ahora, en la ciudad, tiendas pequeñas de venta ecológica que tienen dificultades para sobrevivir porque non es fácil cambiar los hábitos da ciudadanía. ¿Qué se podría hacer?

R: Aquí hay también un cierto problema de las pequeñas tiendas y también pasa con las agricultoras. El mercado que compra en esas tiendas es muy pequeño hoy en día, pero el mercado de la gente que necesitamos comprar alimento fresco es enorme; la capacidad de crecer es muy grande. Entonces ¿cuál es la filosofía de supervivencia? No pueden competir entre ellas, la clave está en quitarle clientes a la gran superficie. Si, de algún modo, colaboramos, nos promocionamos unas a las otras, dejamos de competir por una parte del pastel y vamos a por el pastel entero. Esto se puede conseguir de muchas formas, pero colaborando es mucho más fácil, con estrategias de visibilización conjuntas, con campañas de publicidad incluso delante de las puertas de los supermercados que tenemos cerca; esto no se hace pero se podría hacer. Puedes compartir productos, agrupar los pedidos frescos en dos días, como en Zocamiñoca, para que no se pierda el producto, comprar conjuntamente o compartir el transporte.

P: Otro aspecto importante en el caso de los productos ecológicos es la percepción de la gente de que son productos caros. Puede ser una percepción real o imaginaria, pero está en la gente la idea de que son caros, son paras las élites y no para la gente trabajadora. Pero antes, los productos locales eran lo único que teníamos en los pueblos, y no eran caros, era lo único que había.

R: El producto ecológico es ligeramente más caro que el producto convencional porque sus ritmos de producción son otros, y la intensidad de trabajo es otra. La ventaja es que son productos que tienen vitaminas, sabor, sacian más que los convencionales, no precisan condimentos.

Aunque que sean más caros, son perfectamente asumibles por cualquiera, sobre todo si nuestra alimentación se basa en la verdura, cereales, legumbres, etc. Por ejemplo, aquí una lechuga vale 92 céntimos (frente a la del súper de 50 céntimos), pero puede darte para dos comidas o para un primer plato de una familia de seis personas. ¿Se puede asumir este precio? Sí. Aquí en Zocamiñoca somos gente de clase trabajadora y podemos asumirlo. En un modelo de consumo donde estamos todos los días almorzando galletas, productos elaborados para calentar en el microondas; carne, pescado todos los días… evidentemente, si es ecológico, no se pode asumir. Pero lo ecológico en el producto básico es asumible. Lo que nosotros apostamos es por la alimentación más sana, basada en verdura, fruta, legumbres y cereales, y luego consumir puntualmente estos productos que también se pueden asumir en la medida en que no se abusa. Para la salud estarás mucho mejor y lo que gastas es poco más de lo que gastas en el supermercado con productos peores. Porque si coges el ticket, al final lo que te sube más son las mayonesas, los chocolates, o no sé qué. Y dices gasté en verduras 3 euros, pero luego gasté 15 en otras cosas que no son tan necesarias. Los supermercados intentan reforzar esta idea de que los productos ecológicos son caros porque a ellos manejar lo ecológico no les compensa y, al final, reservan lo ecológico que ellos quieren e para los estantes de delicatessen o gourmet.

Y en el caso de las tiendas pequeñas de productos ecológicos, a veces tienen que encarecer los productos porque se deterioran, porque hay que pagar el exceso de horarios, etc. A lo mejor, una solución es juntarse entre varias de ellas o concentrar lo fresco en dos días… Y así tener precios más ajustados coordinando mejor la producción y la distribución. Por ejemplo, ofreciendo a la gente un descuento si pide los productos con antelación; así se fomenta otro modelo.

Recibiendo los pedidos por internet.

P: ¿Qué aprendisteis en estos años desde que se creó Zocamiñoca?

R: Desde 2009 que empezamos, vas hablando con gente muy distinta, y vas aprendiendo sobre el propio consumo; que no siempre tenemos tiempo para hacer bien la compra, que compramos impulsivamente… Detrás de esos comportamientos está nuestro ritmo de vida; a veces con trabajos entre 8 o 10 horas, con horarios discontinuos y con pocas horas libres a la semana; y esto nos lleva a un modelo en el que la gente tiene poco tiempo para la compra y también para cocinar. Lo ideal sería un modelo de trabajo o de vida más integral en el que en épocas del año no se trabajase tanto y se dedicase más tempo a las cosas más básicas, como la relación con la naturaleza.

P: Finalmente, quería tratar el tema de los jóvenes que no encuentran trabajo en las ciudades, pero su vuelta al campo y a los trabajos básicos relacionados con la naturaleza no entra en su mentalidad porque no se les formó para ello. ¿Tenéis alguna idea de que se puede hacer en este tema?

R: Lo primero sería crear proyectos o tiendas en los que se permita el contacto entre la gente de la ciudad, y los productores y productos del campo. Y luego, a nivel laboral, es cierto que el campo gallego tiene una potencialidad a todos los niveles; el campo está completamente desaprovechado, se plantan eucaliptos en todas partes porque cada vez hay menos producción en el campo. Pero hay que garantizar dar salida a la producción de la gente dispuesta a volver al campo. Lo que necesitamos es que la gente de las ciudades consuma más productos de aquí, quitándole la venta a la gran superficie (es decir, hipermercados, supermercados, e incluso cadenas de frutería que parecen pequeñas tiendas pero no lo son).

P: ¿Como el tema de la leche?

R: El tema de la leche es muy significativo porque, básicamente, es un problema de distribución; ganaderos que producen a nivel local, pero luego no hay distribución de tipo local, como cooperativas, sino grandes distribuidoras o sociedades de capital que les da igual de dónde provenga la leche, si de Francia o de Australia en polvo, luego la mezclan con agua y la venden mezclada con otra. El ganadero perdió el control sobre la distribución de su producto y ahora las consecuencias son que no le compran o no le compran al precio que debería de tener. Entonces hay que recuperar eso, crear envasadoras propias, y recuperar puestos de ventas donde no se venda por debajo de coste. Por lo tanto, hay que potenciar la venta directa y las envasadoras propias (de leche, conservas, etc.) del producto de aquí y la venta a través de proyectos que potencien la relación directa con los productores.

P: ¿Cuál sería el papel de los gobiernos en este punto?

R: Tiene que ser un problema de todas; de las productoras, para no ir a lo fácil; tener un proyecto a medio y largo plazo, y no vender al primero que llega y a precio que sea. Si trabajas la distribución local (y no piensas tanto en la exportación o en la venta a las grandes ciudades), aunque sea un precio más bajo o tenga pequeños altibajos, te aseguras para el futuro que ese producto va a venderse; y en el caso de la exportación internacional la competencia de un año para otro puede hacerte mucho daño.

Así quien produce tiene que poner su parte; quien consume tiene que estar concienciado y darle valor a ese producto local y hacer el esfuerzo para seleccionar donde compra; y la administración, por supuesto; reforzar la producción local, los modelos de distribución, tanto a nivel económico como de facilidades. Por ejemplo, si hay productores de huevos en una zona, la administración les puede proporcionar o ayudar con la compra de una clasificadora o etiquetadora; o, en el mercado central de fruta en Coruña (a diferencia de una ciudad como Madrid), no existe ningún lugar para uso de los pequeños productores, porque todo está privatizado; la administración podría facilitar un local para ellos.

P: Concluimos así esta larga entrevista; le damos las gracias por su tempo y por reflexionar con nosotros en este tema de la compra fuera de los circuitos de las grandes productoras capitalistas.

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