Complicidad en los discursos y en las prácticas

Este título corresponde a la traducción un libro titulado “Complicity in discourse and practice” publicado por el analista del discurso belga Jef Verschueren (Routledge 2022). No es un libro académico, sino divulgativo, a manera de reflexión de varios temas sociales cruciales para él que llegan a la ciudadanía a través de los discursos: la política, la vida universitaria que incluye tanto la educación como la ciencia, y el mundo de los medios de comunicación. No vamos a dar cuenta de todos los temas del libro, pero en esta entrada vamos a abordar el de la “complicidad” y la responsabilidad que se deriva de ello para los ciudadanos. Por tanto, tomaremos algunas ideas de este autor completándolas con otras relacionadas.

Comienza haciendo referencia al tema del terrorismo, poniendo ejemplos diversos de actos de grupos que han causado dolor y muerte en muchas partes del mundo: IRA, ETA, Al Qaeda… y mucho antes el Front de Libération de Québec, los Tupamaros en Uruguay, entre otros. También el caso de los numerosos terroristas aislados que de vez en cuando irrumpen en medio de la vida ciudadana y acaban con la vida de gente totalmente inocente. Son actores responsables de sus actos y el sistema judicial así lo certifica, pero también hay otros responsables indirectos que actúan como cómplices en diversos grados: los que vendieron el material para las bombas y las piezas para ensamblar las armas, los que sembraron el odio contra los diferentes, etc.

El problema de fondo de esta complicidad directa e indirecta, afirma Verschueren, es la “superdiversidad” de nuestras sociedades, lo que lleva a promocionar la división discursiva entre dos grupos antagónicos: “nosotros” y “ellos”, y con ello el resurgimiento de nuevas formas de nacionalismo; un nacionalismo obsesionado por la asimilación, que es defendido por las élites políticas, intelectuales y por gente de poder. Es un nacionalismo populista que está incrementando sobre todo la “polarización” en los discursos.

En nuestro contexto podemos referirnos a los debates en torno a temas como las vacunas/anti-vacunas, confinamiento/libertad total, impuestos/anti-impuestos, independentismo/anti-independentismo, inmigración/anti-inmigración, negacionistas del calentamiento global /defensores de los cambios urgentes para mitigarlo, monolingüismo territorial /plurilingüismo ante la diversidad de diferentes grupos sociales en un mismo territorio, etc. Y la gente posicionándose a favor de un polo u otro; principalmente a través de las redes sociales, en donde el anonimato hace acrecentar lo que otra analista del discurso, Ruth Wodak, denomina el “discurso de la desvergüenza” (ella lo aplica al discurso de la extrema derecha en su país, Austria); es decir, afirmar barbaridades sin pensar las consecuencias negativas que ello puede acarrear para la construcción de consensos en nuestras sociedades tan heterogéneas.

Se trata de debates extremos que activan “marcos” de interpretación o narrativas con las que vemos el mundo propio y negamos el de los otros. Por ejemplo, cuando hablamos de emigrantes “ilegales”, activamos claramente el marco de lo estrictamente jurídico, pero desactivamos y silenciamos el marco o la narrativa de los derechos humanos, el de las circunstancias injustas y la miseria extrema, el de las guerras, etc. El primer marco puede ser legítimo desde el punto de vista judicial, pero oculta el drama de las personas emigrantes y de las aspiraciones que puedan tener en sus vidas, semejantes a las nuestras. Y tan legítimas como las del resto de ciudadanos en el conjunto de la vida en el planeta.

Los yacimientos de Atapuerca precisamente nos recuerdan que no es posible poner puertas al mar, al Mediterráneo; y que ya hace miles de años los africanos pre-homínidos llegaron a la Península Ibérica, a pesar de que aún no tenían las capacidades cognitivas del homo sapiens; y se asentaron en nuestro territorio, aun con sus rudimentarios instrumentos, para iniciar una nueva vida. Esta vida en la península es la que están desenterrando e interpretando hoy los científicos de este importante yacimiento paleontológico de Burgos. Somos sus descendientes (aunque el contexto ha ido aclarando nuestra piel con el paso del tiempo), pero ahora nos sorprendemos de los homo sapiens que llegan a nuestras costas por el sur.

Otro ejemplo reciente es lo relativo al calentamiento global y, en particular, a los  últimos incendios, cada vez más letales según la comunidad científica. Frente a estas voces autorizadas de los expertos, desde los grupos de extrema derecha que practican el «discurso de la desvengüenza», se llega a considerar estos avisos como un «invento de progres» o, como recientemente decía el consejero de medio ambiente de Castilla y León, un problema agravado por las «modas de los ecologistas». Una auténtica «sandez», que un científico como Fernando Valladares considera una frivolidad: una sociedad formada y crítica no puede tolerarla (https://www.eldiario.es/cantabria/cientifico-fernando-valladares-pide-tolerancia-cero-propaguen-discursos-frivolos-crisis-climatica_1_9200777.html).

¿Cómo superar la complicidad frente al incremento de los debates polarizados que no conducen sino a acrecentar los problemas y la división entre los grupos sociales, pero no a mejorar la vida cotidiana de la gente?

Verschueren cita dos ingredientes: 1) la reflexión constante sobre lo que de forma rutinaria consideramos “normal” y 2) el coraje para no silenciar lo que es injusto. No son objetivos fáciles, pero sí tienen que ser el principal objetivo de la educación en los sistemas democráticos.

También estos objetivos serán la razón de ser de otros poderes democráticos, como el político, el judicial y el de los medios de comunicación, pero los profesionales de la educación no podemos nunca olvidarlo, como recordaba el gran pedagogo brasileño Paolo Freire.

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