-¿Cómo sabe usted eso? -Es que me he criado en el campo.

Un señor andaluz, Miguel, gran aficionado a la caza tradicional, residente en la zona de Castellón, cuenta a un interlocutor suyo (en presencia de un investigador antropólogo, que graba la conversación), su relación con los animales de caza. Presentamos su testimonio como ejemplo de sabiduría popular, y también como ejemplo de la forma tradicional de resolver los conflictos con otros cazadores:

[…] “Entonces, claro, vencejo de caña de centeno no tiene nada que ver con el vencejo pájaro. Entonces el saber vencejo de qué venía, vencejo de qué, vencejo de caña de centeno. La madre de mi tío, que fue la segunda mujer, que fue la abuela que yo conocí, la abuela Remedios, fue la abuela que yo conocí; yo era su nieto. Y me hacía unas canastillas así de centeno, para ir a coger grillos para las perdices. Jajaja. Me hacía unas canastillas así con una tapa y todo, con una rama de pino o de retama. Y pam, grillo y para adentro, pam, grillo y para adentro. Cuando llegaba estaban las perdices… porque yo cogía unas cuarenta perdices o más. Yo iba con un perro de un tío mío que era cazador… Las criábamos todas con yema de huevo, con grillos, con todo. Y después, cuando ya se hacían adultas, mi tío cogía y las iba seleccionando; las hembras las soltaba todas, si había treinta, las soltaba todas; y los machos, iba probando, y a lo mejor de cuarenta se quedaba con diez. Pero los otros, los soltaba todos, de adultos, todos de grandes, los soltaba todos… No matar por matar… hay que matarlo en el momento oportuno. [Mi tío] era un fuera de serie.

Yo me acuerdo mucho porque venían allí a cazar, al pueblo. “Pedro, véndenos ese pájaro. Y te lo cambiamos por esta escopeta”. Y Pedro decía: “para qué la quiero, si no voy a matar las perdices”… Y hay mucha afición [a la caza]; en el coto que teníamos en Albacete, un día le digo al guarda,

– “Santiago, aquí están cazando los murcianos, venga usted conmigo que le quiero enseñar una cosa. Mire, aquí ha habido un tanto [lugar del puesto desde donde el cazador puede disparar], y aquí está el puesto [lugar donde el cazador se esconde]; allá otro tanto, allá otro puesto”.

Y se queda mirando:

  • “Aquí no hay ningún puesto”.
  • “No, pero aquí está el tanto, y según está el tanto estará el puesto allí. Ya verá cómo se notará”.
  • “Y usted ¿cómo sabe todo eso?”.
  • “Hombre, Santiago, yo me he criado en el campo. Mire, estos murcianos, vecinos nuestros han cazado aquí, con su permiso, con su permiso. ¿Qué quiere que le diga a mis compañeros lo que usted ha hecho o que llame usted a los murcianos y yo hablo con ellos”.
  • Se queda mirándome, “Mire usted, yo estoy manteniendo a las mergas”.

Las mergas eran las mellizas, que el hijo se había quedado viudo con las mellizas. Yo le digo:

  • “Santiago, vamos a dejarlo estar. Esto es una cosa suya y mía, no se va a enterar nadie; no se va a enterar nadie, pero llame a los murcianos y les dice que la semana que viene, que vengan, que quiero hablar con ellos”.
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¿Es la caza sostenible cuando en el campo ves continuamente estos cartuchos?

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Y a la semana siguiente, los murcianos allí. Y cuando vi a los murcianos, yo, aparte hablando con ellos, para que los demás no se enteraran,

  • “Mire, ustedes está cazando –no sé lo que les habrán dado a Santiago, ni lo sé ni me importa– ustedes están cazando dentro del coto nuestro. Nosotros dentro del coto de ustedes no hemos entrado ni un día. […] Yo sé que han estado cazando sin que me lo diga nadie porque yo sé lo que hacer… Miren, yo me he criado en un cortijo y he criado más perdices criadas del campo… o sea, sé dónde hay un tanto, dónde hay un puesto, y aunque lo hayan deshecho… cuando llego a una morra [un escondite] y he visto dos piedras, digo, allí ha habido un tanto, y el resto que queda de un puesto, por poco que sea la rama que sea así, sé que allí ha habido un puesto. Y si no pregúntele a Santiago por qué le pregunto todo eso.
  • “Bueno, mire, esto hemos de arreglarlo”.
  • “Ah, ustedes dirán. Si a ustedes les parece bien, ustedes cazan en el coto nuestro, y nosotros cazamos donde tenemos los puestos; hasta ahí, de allí para delante no les permito que pasen… Pues, nada, documento, la semana que viene ustedes autorizándonos a cazar del coto de ustedes.” […]

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